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miércoles, 15 de noviembre de 2017

Escrito: Poet for hire

Se alquilan poetas por las calles;
se venden corazones por las aceras;
se olvida el amor en las esquinas;
se pierde la noción del tiempo tras las sombras.

Nos deshicimos de todo sentimiento, creyendo ser superiores a nuestras propias almas; pensábamos que nuestros antepasados se habían puesto trabas a ellos mismos cuando, en realidad, solo trataban de vivir; sabíamos que podíamos hacerlo mejor, que las guerras eran cosas del siglo pasado, que las palabras, y por encima del resto, el dinero, podían solucionarlo todo. Nos vimos inmortales.
Poco a poco, nos fuimos convirtiendo en animales. Dejábamos que nuestros instintos primarios fueran los dominantes, dejamos de lado la razón, lo que nos hace humanos. Por eso vi carteles por las calles: "NO TE ENAMORES" rezaban en grandes letras de color "EN ESTA ÉPOCA, ES PELIGROSO".
¿Como no iba a ser peligroso si las antiguas generaciones nos llamaban perdidos? ¿Cómo no iba a serlo si la gente seguía girando la cabeza al ver a un chico llorar? ¿Cómo no iba a serlo si las lenguas mordaces criticaban a las chicas por cada paso en falso que daban? Nadie se atreve a entregar su corazón a un desconocido, incluso después de saber todos sus secretos durante años. Y, los que lo hacen, son llamados ilusos, inocentes, débiles... Perdidos.

Hoy, se alquilan poetas por las calles porque nadie tiene tiempo para leer cuatro versos;
hoy, se venden corazones por las aceras porque nadie tiene el valor para ganárselos;
hoy, se olvida el amor por las esquinas porque es mucho más fácil entregarse a un cuerpo que se deja hacer con una careta de papel;
hoy, se pierde la noción del tiempo tras las sombras porque nadie quiere ver sus propios rasgos a la luz.
Hoy, dejamos de ser humanos.

martes, 19 de septiembre de 2017

Escrito: Todo lo que no queremos ver

¡Hola, imaginadores!
Hoy os traigo otro escrito que preparé el curso pasado. Lo interesante de este mini relato y que os podría ayudar mucho es que tiene ciertas palabras "obligatorias". Estando en clase de psicología el año pasado, estábamos aprendiendo la teoría de las diferentes inteligencias (os recomiendo muchísimo que investiguéis sobre este tema porque a mí me encantó). Nuestra profesora nos pidió que, usando la inteligencia en la que más destacáramos, diéramos sentido a estas palabras. Personalmente, creo que mis inteligencias lingüística y interpersonal son en las que más destaco, por lo que decidí escribir una historia. Fue un ejercicio muy interesante ya que otros pintaron, utilizaron matemáticas, bailaron, o compusieron una canción. La verdad es que es algo muy curioso de realizar y os animo a probar a escribir otro relato con las siguientes palabras (podéis dejarlo en comentarios o mandármelo por correo):

CIELO - CIPRÉS - ENAMORADOS - DESCUBRIENDO - IMAGEN - TRISTEZA - FIN

Espero que disfrutéis del relato.

Bajo el cielo encapotado de El Escorial, cerca de uno de los cipreses de la Herrería, vi a una pareja caminar agarrados. Él rodeaba la cintura de la chica, de constitución delgada, con el brazo; mientras la joven apoyaba la cabeza, por la que se derramaban en cascada unos rubios tirabuzones, en el hombro de él.
Sonreí, no todos los días podía ver una escena tan bonita de un par de, lo que supuse, eran enamorados. ¡Cuán equivocado estaba!
Sin pretenderlo, comencé a seguirlos. Aunque la curiosidad me reconcomía, no era mi intención parecer un acosador. Simplemente llevábamos la misma ruta de vuelta al aparcamiento. Y mientras caminaban, al mismo ritmo y rezumando tranquilidad, fui descubriendo los resquicios de un amor dañino. Un amor que, simplemente, no es amor. Con tristeza, reparé en la fuerza de los dedos del chico, que aferraban la cintura de la muchacha casi como si fuera una posesión, aunque ella intentara mantener la máscara de una sonrisa bien colocada sobre su gesto de dolor. Me di cuenta de que los músculos de la joven, en especial los del cuello, estaban en tensión con cada movimiento de su pareja. Estaba alerta y, por más que llevara tacones, estaba muy preparada para salir corriendo si la ocasión era propicia. Me recordó a una amigo que tuve en clase, que se sentaba en el borde de la silla, con los instintos de un animal listo para huir.
La imagen de dos jóvenes con tanto futuro por delante, desgastándose el uno en el otro, me rompió el corazón. La decencia de que nada extraño sucedía a nuestro alrededor me prohibían actuar, por muchas ganas que yo tuviera de quitarles a ambos la venda de los ojos. Estaba seguro de que él era mucho más fuerte que yo y no dudaría en darme una paliza. Me aparté de ellos, apenado. No pude intervenir. No quise intervenir. 
Lo más doloroso de aquella historia fue encender la televisión unas semanas más tarde cuando, como vi que se repetía con más constancia de la que me gustaría admitir, el joven de manos tan fuertes como garras había asesinado a la chica de tirabuzones rubios con cinco puñaladas en la espalda que nunca me perdoné. Y es que, al final, ¿cuántas situaciones más tendremos que ver con nuestros propios ojos para darnos cuenta de que nada se ha solucionado?

jueves, 31 de agosto de 2017

Escrito: Últimas tardes con Teresa

¡Hola, imaginadores! 
Hoy os dejo un pequeño escrito que se me ocurrió el año pasado a raíz de un libro que nos hicieron leer en clase: Últimas tardes con Teresa, un libro que, sinceramente, no me gustó demasiado (pero ya sabéis, así es el bachillerato). No me preguntéis qué tienen que ver el libro con este escrito, porque los protagonistas de ese libro son prácticamente contrarios. Os dejo este trocito de prosa poética. Espero que lo disfrutéis.

No consigo que salgas de mi cabeza, preciosa.
Parece que te hayas instalado ahí con toda la comodidad del mundo y te desnudaras para mí cada vez que cierro los ojos.
Me muestras esas cavilaciones tan extrañas que te salen al natural, ocultas detrás de esa mirada de Coca-Cola. Veo esa cascada de cabello rubio cayendo por el abismo decorado con cicatrices del pasado de tu espalda, al cual nunca me he atrevido a asomar, por miedo a resbalar a tus pies. Me enseñas tu risa, escondida tras esas palabras que enamoran solo a los que son lo suficientemente listos como para intentar comprenderte.
Y con cada sonido que sale de tu boca, yo voy cayendo un poco cada día. Quiero ver más. Enséñame las curvas de tus inseguridades, la robustez del muro que me distancia de tus secretos. Muéstrame la pureza de tu alma y te prometo que no la olvidaré...


Fdo: Vicky Spark

sábado, 19 de agosto de 2017

Escrito: El experimento

¡Hola, imaginadores!
Hoy os traigo otro relato corto. El original de este relato estaba escrito en inglés y era algo más corto, la temática debía ser de ciencia ficción.. Con él, gané el concurso de relato corto en inglés de mi instituto y me pareció conveniente traéroslo a vosotros traducido y mejorado (o eso creo). ¡Me encantaría saber vuestra opinión!

Ella gritaba, lloraba, sus manos cubrían sus oídos, sus uñas se clavaban con tanta fuerza en su piel que sangraba sin siquiera darse cuenta, sin sentir dolor. Yo la podía ver a través de la pantalla del ordenador: Rodeada de locos y maníacos, cadáveres, calvario y desesperación. Sin tener una mínima idea de que había salvado a la humanidad.

Los científicos a mi alrededor se abrazaban los unos a los otros, felices. El experimento había resultado un completo éxito, habíamos encontrado a la candidata perfecta. Ella, la chica cuya sangre podría curar aquella horrorosa enfermedad mundial que se estaba llevando a demasiados de los nuestros. Zöe.

Sin embargo, mis ojos seguían fijos en la pantalla que conectaba con la cámara de la habitación en la que se encontraba. Yo no era más que otro científico, otro buscador, otro que lo daría todo por la cura y que, además, le llevaba la comida a su habitación durante los meses que duró el experimento. Incluso me atreví a hablar con ella, interfiriendo de manera directa en el proceso de investigación. No me arrepiento. Sus ojos, tan llenos de vida los primeros días y tan vacíos los últimos, me cautivaron. Sus palabras, sinceras y directas, llegaron a mí como un asteroide cayendo hacia la Tierra. Su espíritu, inocente, no merecía este final.

En aquel momento, sentía el mismo dolor que ella. Apenado, me di cuenta de que me había enamorado de mi propio experimento.

También debo decir que, en el concurso original, había un máximo de 150 palabras, por lo que el relato original (que os dejo aquí también) cuenta con menores descripciones.

She was screaming, crying, her hands covering her ears, her nails so deep into her skin she was bleeding.  I could see her surrounded by mad people, corpses, pain and despair. She was suffering as no one else. Little did she knew she had already saved humanity.

The scientists around me were hugging each other, happy. The experiment was a complete success, we had found the one. Her, the girl whose blood would cure the global disease. Zoë.

But my eyes were still locked with the screen that connected with the camera of the room she was standing at. I was just another scientist that brought the meal to her room. I even dared to talk to her, interfering into the experiment straightly. I do not regret any of it.

In that moment, I felt the same pain. Sadly, I realized I had fell in love with my own experiment.

Fdo: Vicky Spark

domingo, 9 de julio de 2017

Escrito: Amor a primera vista

¡Hola, imaginadores!
Hoy, como regalo especial, os traigo un relato corto con el que gané el concurso de mi instituto. Más de uno ya lo habrá leído en mi Instagram, pero yo lo cuelgo igual. ¡Espero que os guste! Pronto traeré más escritos (espero que sean mejores que este jeje). Disfrutadlo.


La madre limpiaba con cuidado el helado de chocolate que resbalaba por la barbilla del niño. Este dirigió una sonrisa a la mujer y, con la adorable inocencia de los cinco años, cuando todo parece posible, se atrevió a preguntar:
—Mamá, ¿tú crees en el amor a primera vista?
La mujer, sorprendida, bajó la servilleta y miró al chiquillo, que esperaba la respuesta con ojos ávidos de curiosidad. Sonrió con tranquilidad antes de contestar.
—Pues claro, cariño. Y todo el mundo debería creer en él.
— ¿Por qué? ¿Cómo fue?
El niño vio a su mamá suspirar y apoyar la espalda en el banco. Hacía siempre lo mismo cuando le iba a contar un cuento por la noche.
—Fue hace ya mucho tiempo, pero lo recuerdo como si hubiera pasado ayer. No nos conocíamos de nada, ¿sabes? Nunca nos habíamos visto, ni cruzado una palabra. Pero yo sentía que iba a ser él, lo notaba justo aquí—un traicionero dedo comenzó a hacer cosquillas al niño en el estómago—. Lo venía sabiendo desde hace meses, aunque él aún no tenía ni idea. En el momento en el que nos miramos, caí enamorada. No había remedio, no podía luchar contra eso. Y cuando fijé mi vista en esos preciosos ojos marrones, le prometí que nunca me alejaría de él. Que lo amaría y lo protegería siempre. Pasara lo que pasase.
El niño, preso de la narración de su madre, había abierto la boca sin querer. 
—Era papá, ¿verdad?
Para su sorpresa, mamá empezó a reír y a menear la cabeza en señal de negación.
—Pues claro que no, cariño. Eras tú.

Fdo: Vicky Spark